Cáncer cervicouterino

Cada mes mueren en promedio 50 mujeres en Chile por causa de este cáncer, que es producido principalmente por el virus papiloma humano, una de las enfermedades de transmisión sexual más comunes. Sin embargo, esta patología se puede evitar o tratar oportunamente. ¡Consulta hoy con tu ginecólogo!

El cáncer cervicouterino se desarrolla en el cérvix de la mujer (parte baja del útero) y es el resultado de una infección viral persistente asociada al virus papiloma humano (VPH), que es de transmisión sexual. En nuestro país, ocupa el primer lugar entre las causas de muerte por cáncer en mujeres jóvenes.

El VPH es una infección asociada directamente con la actividad sexual, independiente del número de parejas sexuales, aunque este último factor es de mayor riesgo. Cerca del 80% de las mujeres desarrolla la infección en algún momento de sus vidas, pero es eliminada por los mecanismos de defensa del cuerpo sin provocar síntomas. Se estima que sólo el 5% de las infecciones por VPH persisten en el tiempo, pudiendo causar lesiones precancerosas en el cuello uterino y luego cáncer.

El cáncer cervicouterino se puede prevenir, mediante vacunación y un tratamiento oportuno de las lesiones preinvasoras, o curar si se detecta a tiempo con distintos exámenes:

Papanicolaou: Se recomienda entre los 24 y 64 años, cada tres años, y sirve para detectar lesiones precancerosas o cancerosas. Sin embargo, 1 de cada 3 mujeres que muere de cáncer cervicouterino tiene sus exámenes de rutina normales, por lo que para un diagnóstico más preciso se requieren otros análisis.

Test VPH (virus papiloma humano): Esta prueba, que funciona como complemento al PAP, es más sensible y puede identificar si la mujer es portadora del VPH, determinando además si tiene un tipo de virus de alto riesgo de desarrollar cáncer. Este examen se recomienda a partir de los 30 años. En caso de que el resultado sea positivo, la paciente debe ser estudiada con mayor rigurosidad, mientras que si es negativo, puede aplazar un nuevo análisis hasta 5 años.

La realización de estos exámenes es fundamental considerando que el 50% de las mujeres que presentan lesión con riesgo de cáncer en su cuello uterino, no son diagnosticadas a tiempo. Ambos son sencillos, no producen dolor y su duración es sólo de unos minutos.

Ante un resultado alterado o positivo, se realiza una colposcopía y toma de biopsia, que determinarán si se trata de una enfermedad preinvasora o invasora. El tratamiento de las lesiones precancerosas buscan principalmente destruir la zona del útero afectada, a través de criocirugía - por congelamiento-, láser o conización -extirpación de parte del cuello del útero-. En cambio, cuando se trata de un cáncer invasor o ramificado, se puede requerir una extirpación completa del útero, radioterapia y/o quimioterapia.

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