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Luis Orellana tiene 72 años y hace 40 está encargado de la administración y mantención de una cancha de futbol en la comuna de El Bosque. Es un hombre dedicado a su trabajo y muy activo, sin embargo, su corazón le ha fallado en más de una oportunidad.

Hace 15 años comenzaron los primeros síntomas. “Me dolía mucho el pecho, caminaba una cuadra y tenía que parar porque no podía seguir caminando”, recuerda. Por este motivo llegó al consultorio y fue derivado a un cardiólogo.

En el hospital fue evaluado por un especialista, quien tras una serie de exámenes determinó que Luis tenía un bloqueo en tres vasos sanguíneos, es decir, se formaron placas de colesterol en sus arterias, bloqueando el flujo de sangre, por lo que era necesario realizarle una angioplastía coronaria.

La angioplastía consiste en desobstruir una arteria coronaria estrecha o bloqueada. Primero se utiliza un balón para dilatar la arteria, luego -en algunos casos- se inserta una cámara de luz que permite caracterizar la placa de colesterol y, finalmente, para impedir que la arteria se cierre de nuevo, se instala un stent (de metal) a lo largo de la pared arterial para mantenerla abierta.

Luis fue intervenido en dos ocasiones y los años pasaron sin contratiempos. Sin embargo, dejó de controlarse en forma periódica, por lo que su corazón volvió a dañarse. Los últimos meses ya no sólo le dolía el pecho al caminar, su familia advirtió que se cansaba sólo con hablar. En efecto, su salud cardiovascular estaba muy deteriorada y el Dr. Lamich, médico jefe del Servicio de Cardiología de Clínica Santa María, realizó todas las gestiones para intervenirlo en la Clínica.

El procedimiento fue realizado por un equipo de especialistas en cardiología intervencional, encabezado por el Dr. Pablo Pedreros, y con la asistencia del Dr. José Díaz, experto del Hospital Universitario Juan Ramón Jiménez de España, que visitó la Clínica durante la última semana de junio para compartir experiencias con respecto a esta técnica.

Ha pasado poco más de un mes desde la intervención y Luis retomó completamente su rutina. “Me siento muy bien, de hecho, ando en bicicleta todos los días. Para mí, que siempre me he atendido en el servicio público, fue una gran oportunidad operarme en Clínica Santa María, estoy muy agradecido”, finaliza.

“A diferencia de un stent tradicional que es de metal, la prótesis que le instalamos a Luis es bioabsorbible. La particularidad que tiene es que al ser de magnesio tiene la capacidad de reabsorberse dentro de un tiempo, permitiendo mantener la arteria abierta y con todas sus propiedades vasomotoras originales”, explican los especialistas.

 
   
 

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