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¿POR QUÉ HAY QUE MANTENER UNA BUENA HIDRATACIÓN?

El agua es necesaria para la vida del hombre, los animales y las plantas. Cerca de un 60% del peso corporal está constituido por ella y se encuentra en la sangre, saliva, al interior de las células, entre cada uno de los órganos, tejidos e, incluso, los huesos.

Sin agua, los órganos no funcionarían. Una pérdida del 2% del agua corporal, trae como consecuencia la merma del 20% de la energía física; el agotamiento se acelera con la pérdida de líquido y cuando esto ocurre, se eleva el riesgo de sufrir complicaciones graves. En conclusión, el cuerpo no puede funcionar de forma óptima ni eficiente si no está hidratado.

El rol del agua

Hidratarse ayuda a casi todas las funciones del cuerpo humano. Por ejemplo, constituye el medio más efectivo de transporte de los nutrientes y oxígeno a todas las células del cuerpo, como también de los desechos del organismo. A través de la cantidad que se consume diariamente, cada órgano del cuerpo absorbe los elementos indispensables para su funcionamiento y elimina –a través del la orina, las heces o la transpiración- los que le resultan innecesarios.

Además, ayuda a mantener la temperatura corporal en torno a los 36°C, independientemente del ambiente o de otros factores que puedan alterar este equilibrio, como la fiebre o el acaloramiento tras realizar alguna actividad física. “Esto también es posible gracias al mecanismo de la transpiración, que evita un posible sobrecalentamiento del cuerpo, lo cual podría sobre exigir el funcionamiento cardiaco y producir un infarto u otra afección”, establece Mariana Rodríguez, Nutricionista de Clínica Santa María.

Por otra parte, las propiedades lubricantes del agua contribuyen al buen funcionamiento de las articulaciones, aparato digestivo y tejidos en general. Sus cualidades de amortiguación, la convierten en una efectiva barrera de protección contra golpes u otro tipo de agresiones en aquellos órganos más frágiles o expuestos. Por ejemplo, el feto está rodeado de líquido amniótico y el cerebro de líquido cefalorraquídeo.

¿Cuáles son las cantidades necesarias?

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó el año pasado sus recomendaciones que establecen que en condiciones de temperatura y actividad física moderada, los adolescentes a partir de 14 años, adultos y ancianos, deben tomar entre 2 y 2,5 litros de agua al día (tanto hombres como mujeres). Pero existen otros factores que pueden hacer variar esta recomendación:

- Ejercicio: si se realiza alguna actividad física diariamente, se tiene que beber agua antes, durante y después de ésta. Esto suma aproximadamente tres vasos adicionales. Aunque dependiendo del deporte (si es muy vigoroso o dura mucho tiempo) quizás se requiera más líquido.

- Clima: si se vive en un clima húmedo y caliente, se suda y se pierdes más agua en comparación a alguien que vive en uno templado y seco. En el invierno, los lugares con calefacción hacen que el cuerpo también pierda su humedad, por lo cual se debe tomar más líquido.

- Altitud: si se vive en una ciudad a más de 2.500 metros (8.500 pies) de altura, se necesita tomar mayor cantidad de líquido porque la respiración tiende a ser más rápida y, por lo tanto, se pierde mayor cantidad de agua.

- Enfermedades: si se tiene diarrea, vómito y fiebre, se requiere un mayor consumo de agua para reponer las pérdidas.

- Embarazo y lactancia: las mujeres embarazadas deben incrementar en 300 ml al día su ingesta de agua. En época de lactancia, deben aumentar su consumo en 700 ml.

“Debemos recordar que la cantidad de líquido que se necesita también se puede obtener de otros alimentos como frutas y verduras, y no solo del agua”, agrega la especialista.

Otros beneficios

Un consumo adecuado de agua puede prevenir además una deshidratación. La sed es la señal de alerta de este déficit, ya que las células al perder agua, comienzan a contraerse y se transmite u mensaje al cerebro activándose dicha sensación. Pero cuando el aporte de líquido es insuficiente, el organismo responde disminuyendo parte de lo que se elimina por los riñones, lo que hace que la orina se vuelva más concentrada, siendo esto la primera acción de defensa ante una situación de déficit hídrico.

Las consecuencias de la deshidratación no son solo la pérdida de líquidos, sino también de las sales minerales que contiene el agua. Bajas cantidades de sodio y potasio por ejemplo, conducen a desequilibrios en el organismo, y el primer órgano en notar estas carencias es el corazón. “Al deshidratarnos, la cantidad de sangre que circula por el cuerpo es menor, y como consecuencia, disminuye la sangre que bombea en cada latido y los músculos no reciben el oxígeno suficiente”, explica Mariana Rodríguez.

Finalmente, la deshidratación puede provocar cansancio, dolor de cabeza, dificultad de concentración, malestar general, calambres, sensación de náusea, aumento del ritmo cardiaco, entre otros. También puede afectar negativamente a las funciones físicas y mentales, y contribuir a agravar algunas enfermedades. Por eso es tan importante que todos cuiden su salud consumiendo mucha agua.

Con la colaboración de: Mariana Rodríguez, Nutricionista de Clínica Santa María.

Fecha publicación: 14/03/2011

 
 
 
 
 
 
   
 

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