ACV: cómo reconocer sus síntomas y actuar ante una emergencia

La dificultad repentina para hablar, la pérdida de fuerza en una extremidad o las alteraciones visuales pueden ser señales de un accidente cerebrovascular. Saber cómo reaccionar frente a estas manifestaciones permite facilitar una atención médica oportuna.
Un accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia que requiere evaluación médica inmediata. Sus manifestaciones pueden variar según la zona del cerebro afectada, pero suelen incluir cambios repentinos en capacidades que hasta ese momento se desarrollaban con normalidad, como comunicarse, mover una parte del cuerpo o ver.
Ante estas señales, es fundamental acudir a un servicio de urgencia que disponga de los recursos necesarios para realizar una evaluación y exámenes de imagen, como un escáner cerebral. La consulta también es necesaria cuando las molestias desaparecen, pues su mejora podría ser transitoria y preceder a un nuevo episodio.
¿Qué medidas ayudan a prevenir un ACV y qué hacer mientras llega la atención?
La hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes y la dislipidemia se encuentran entre los principales factores de riesgo modificables. Su diagnóstico y tratamiento, junto con el abandono del cigarrillo, contribuyen a disminuir la probabilidad de sufrir un ACV. Aunque la edad también influye en su aparición, mantener controles médicos permite actuar sobre aquellas condiciones que sí pueden manejarse.
Una vez que aparecen los síntomas, la prioridad es recibir atención especializada sin demora. El Dr. Pablo Reyes, coordinador de Neurología de Clínica Santa María, explica que la urgencia responde a la velocidad con que puede avanzar el daño cerebral: “El cerebro requiere mucha energía y oxígeno para mantenerse funcionando y vital. Las neuronas y las células que las sostienen necesitan glucosa y oxígeno; cuando se interrumpe el flujo sanguíneo, comienzan a morir rápidamente. Por eso, hay que restablecer esa circulación lo antes posible”.
Durante el traslado, no se deben administrar medicamentos por iniciativa propia. En particular, dar aspirina sin conocer el origen del episodio puede resultar perjudicial si existe una hemorragia cerebral, ya que no es posible distinguir con certeza entre los distintos tipos de ACV únicamente a partir de los síntomas.
Los tratamientos disponibles dependen de la evaluación clínica, los resultados de los exámenes y el tiempo transcurrido desde el inicio del cuadro. Si bien la rapidez favorece las posibilidades terapéuticas, algunas intervenciones pueden considerarse varias horas después de la aparición de los síntomas.
En este contexto, el Dr. Reyes destaca la importancia de no descartar una posible intervención por el solo hecho de que haya pasado tiempo: “Las ventanas de tratamiento se han ido prolongando con los avances médicos. En algunos casos, pueden extenderse hasta las primeras 24 horas. Esto no significa que tengamos que esperar para consultar, sino que, aunque hayan transcurrido varias horas, todavía podría existir una alternativa de tratamiento. La decisión depende de la evaluación de cada paciente”.
Reconocer las señales, evitar la automedicación y acudir a urgencias son acciones fundamentales frente a un posible ACV. La prevención, por su parte, comienza con el control oportuno de los factores de riesgo.