Las vacaciones de invierno representan una pausa necesaria para niños, niñas y adolescentes tras varios meses de actividades académicas. Este período permite descansar, jugar, compartir en familia y alejarse temporalmente de las exigencias escolares, favoreciendo el bienestar emocional.
Según especialistas, el receso es una oportunidad para recuperar energías y dedicar tiempo a actividades recreativas que muchas veces quedan en segundo plano durante el año. Sin embargo, también es importante mantener ciertos hábitos y estar atentos a factores que pueden influir en la salud mental infantil.
Uno de los principales desafíos es el uso excesivo de pantallas. Aunque los dispositivos electrónicos pueden ser una alternativa de entretención durante los días más fríos, se recomienda establecer límites y promover otras formas de recreación.
“Hay que tratar de controlar el uso excesivo de pantallas, porque existe evidencia de que puede causar más ansiedad, insomnio e incluso aumentar síntomas depresivos en niños y adolescentes”, explica Jennifer Conejero, psicóloga infanto-juvenil de Clínica Santa María.
La especialista señala que las vacaciones suelen generar mayor bienestar en los niños debido a la disminución de las exigencias escolares. Por ello, recomienda fomentar actividades que disfruten, como juegos, lectura, actividades creativas, encuentros con amigos o salidas al aire libre cuando sea posible.
Asimismo, este período puede ayudar a identificar situaciones que pasan inadvertidas durante el año. Por ejemplo, si molestias físicas recurrentes, como dolores de cabeza o de estómago, desaparecen durante las vacaciones, podría existir algún factor relacionado con el entorno escolar que requiera atención.
Otro aspecto clave es mantener rutinas relativamente estables. Aunque es natural contar con mayor flexibilidad, evitar cambios bruscos en los horarios de sueño y alimentación facilita el regreso a clases. “Las vacaciones de invierno son cortas, por lo que grandes desajustes en los horarios pueden dificultar el retorno al segundo semestre”, señala la psicóloga Jennifer Conejero.
Los expertos también destacan la importancia de generar espacios de conversación familiar. Actividades cotidianas, como compartir una comida, jugar o comentar una película, pueden convertirse en oportunidades para fortalecer la confianza y permitir que niños y adolescentes expresen sus emociones y preocupaciones.
Finalmente, recomiendan observar cómo enfrentan los días previos al regreso a clases. Más allá de la resistencia habitual a retomar la rutina, es importante prestar atención a rechazos persistentes hacia el colegio o determinadas situaciones escolares.
El descanso, el juego, la recreación y los vínculos familiares son elementos fundamentales para la salud mental. Aprovechar las vacaciones de invierno para equilibrar estos aspectos permitirá que niños y adolescentes regresen a clases con más energía y bienestar para enfrentar la segunda mitad del año.