Durante años, el ronquido se asoció a la idea de un sueño profundo o de un descanso “sin interrupciones”. Sin embargo, hoy se sabe que no es una señal de buen dormir, sino un síntoma que puede alertar sobre una alteración del sueño y, en algunos casos, sobre un problema de salud que requiere evaluación médica.
El doctor César Alarcón, otorrinolaringólogo del Centro del Sueño de Clínica Santa María, explica que roncar no debe considerarse un fenómeno habitual. “Hay que partir por el hecho de que roncar no es normal. La roncopatía, que es el ruido que se produce en la faringe al dormir, no es un evento propio de un descanso saludable”, señala.
El especialista advierte que el ronquido puede afectar la arquitectura del sueño, es decir, la forma en que se organizan sus distintas etapas durante la noche. Cuando esto ocurre, el descanso pierde calidad y puede aparecer fatiga, despertares no siempre conscientes y una sensación de sueño poco reparador al día siguiente.
Más que una molestia nocturna
Además del impacto sobre el descanso, el ronquido persistente puede estar asociado a cuadros más complejos, como la apnea obstructiva del sueño. Esta condición se caracteriza por episodios en los que la respiración se reduce o se detiene momentáneamente mientras la persona duerme, lo que puede disminuir el oxígeno en la sangre y generar consecuencias para la salud.
“Cuando la estructura del sueño está alterada, muchas personas presentan somnolencia diurna, pero también se pueden desencadenar cambios en el organismo que favorecen la hipertensión arterial y aumentan el riesgo cardiovascular, que es una de las complicaciones que más nos preocupan como médicos”, explica el especialista.
Las causas del ronquido pueden ser diversas. Entre las más frecuentes están algunos factores anatómicos que obstruyen el paso del aire, como alteraciones nasales o de la vía aérea superior, y también el exceso de peso, que puede favorecer el colapso de los tejidos durante el sueño. Por eso, la evaluación debe considerar ambos aspectos.
En esa línea, el otorrinolaringólogo, recalca que no basta con atribuir el problema únicamente al peso o solo a una causa nasal. “Ambos factores van de la mano. Como otorrinos, debemos descartar si existe una causa anatómica obstructiva, pero si el paciente tiene un índice de masa corporal elevado, el peso también tiene una implicancia importante en la aparición del ronquido y en los trastornos respiratorios del sueño”, indica.
Junto con consultar a un especialista cuando el ronquido es frecuente, existen medidas que pueden ayudar a reducirlo o evitar que empeore. Entre ellas, mantener una buena higiene del sueño, evitar comidas y líquidos en las dos horas previas a acostarse, y tener precaución con sustancias o medicamentos que favorecen la relajación muscular.
El consumo de alcohol, por ejemplo, así como algunos ansiolíticos o relajantes musculares, puede aumentar la probabilidad de roncar, ya que favorecen la relajación de la musculatura de la vía aérea y dificultan una respiración fluida durante la noche.
Por eso, si el ronquido se vuelve habitual, se acompaña de pausas respiratorias, sueño poco reparador, cansancio diurno o dolores de cabeza matinales, no conviene normalizarlo. Más que una molestia para quien comparte la habitación, puede ser una señal de alerta sobre la calidad del sueño y sobre la salud cardiovascular a largo plazo.