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Adultos mayores y enfermedades de transmisión sexual: la importancia de reforzar la prevención

Adultos mayores y enfermedades de transmisión sexual

El envejecimiento no elimina el riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual (ITS). En los adultos mayores autovalentes, que mantienen una vida activa e independiente, es importante fortalecer la educación, el diagnóstico oportuno y las medidas de prevención.

Hablar de infecciones de transmisión sexual (ITS) en adultos mayores sigue siendo poco frecuente. Sin embargo, el envejecimiento no significa necesariamente el fin de la vida sexual. Existen personas mayores que mantienen una vida sexual activa y, por lo tanto, también pueden estar expuestas a infecciones como VIH, sífilis, gonorrea, clamidia o herpes, entre otras.

La percepción de que las ITS son un problema exclusivo de las personas jóvenes puede contribuir a que las medidas de prevención y los controles sean insuficientes en este grupo. Por ello, es importante incorporar la salud sexual al cuidado integral durante la vejez. “Es importante distinguir entre las personas mayores que son autovalentes y aquellas que tienen algún grado de dependencia, porque su actividad sexual y, por lo tanto, su nivel de exposición a estas infecciones puede ser muy diferente”, explica el Dr. Pablo Gallardo, geriatra y jefe de la Unidad de Geriatría de Clínica Santa María.

Uno de los principales desafíos es fortalecer la educación y las medidas preventivas. El uso correcto y consistente del preservativo continúa siendo una de las principales herramientas para disminuir el riesgo de contagio. A esto se suma la importancia de consultar con un profesional de salud ante una situación de riesgo, para determinar si es necesario realizar exámenes y detectar posibles infecciones, incluso cuando no existen síntomas.

Por otra parte, los cambios asociados al envejecimiento no necesariamente impiden mantener una vida sexual activa. Actualmente existen alternativas para abordar algunas dificultades relacionadas con la función sexual, pero su uso debe ser evaluado de manera individual y bajo supervisión médica, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares u otras patologías crónicas.

“Actualmente contamos con tratamientos que pueden ayudar frente a algunas dificultades sexuales asociadas al envejecimiento. Lo importante es que sean indicados y controlados por un especialista, considerando las enfermedades y consumo de medicamentos que pueda tener cada persona”, señala el Dr. Gallardo.

Por esta razón, la prevención de las ITS debe mantenerse durante todas las etapas de la vida. Utilizar métodos de barrera, consultar ante una nueva pareja sexual y realizar los exámenes indicados por un profesional son medidas que ayudan a reducir riesgos. Asimismo, contar con información adecuada permite derribar prejuicios y favorece que las personas mayores consulten oportunamente frente a una posible infección.

Promover una sexualidad segura durante la vejez también contribuye a una mejor calidad de vida. Incorporar la salud sexual a los controles habituales permite abordar estos temas de manera integral y entregar las herramientas necesarias para tomar decisiones informadas sobre el cuidado de la salud.

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