Alimentación y cáncer de mama: el rol de la nutrición durante el tratamiento y la recuperación

Una alimentación adecuada puede contribuir a mantener la fuerza, la masa muscular y el bienestar durante el tratamiento del cáncer de mama. Además, después de esta etapa, adoptar hábitos saludables permite acompañar la recuperación y cuidar la salud a largo plazo.
Frente a un diagnóstico de cáncer de mama, las necesidades nutricionales pueden cambiar según el tratamiento y las condiciones de cada paciente. Por eso, contar con orientación especializada permite adaptar la alimentación y acompañar de mejor manera este proceso.
La Dra. Thiare Olguín, nutrióloga y coordinadora de Nutrición Clínica de Clínica Santa María, explica que un adecuado estado nutricional también puede ayudar a enfrentar algunos efectos asociados a las terapias. “Una buena alimentación y un buen estado nutricional pueden reducir los efectos adversos de los tratamientos oncológicos, disminuyendo su toxicidad. Además, cuando aparecen síntomas como náuseas, vómitos o diarrea, una alimentación personalizada puede ayudar a contrarrestarlos y favorecer que la paciente continúe alimentándose adecuadamente”, señala.
¿Qué alimentos pueden ser parte de una nutrición adecuada?
Una alimentación completa debe incorporar distintos grupos alimenticios. Las proteínas tienen especial importancia y pueden encontrarse en carnes magras, pescados, huevos, legumbres y lácteos. También se recomienda consumir frutas y verduras, granos integrales y fuentes de grasas saludables, como palta, pescados, frutos secos y semillas.
Durante el tratamiento puede aparecer disminución del apetito. En estos casos, una estrategia es distribuir las comidas en porciones pequeñas y frecuentes, procurando incorporar alimentos nutritivos en cada una de ellas.
A esto se suma la actividad física, siempre de acuerdo con las condiciones y recomendaciones del equipo tratante. Ambos aspectos pueden complementarse para favorecer el bienestar durante el proceso.
“Nutrición y ejercicio actúan en conjunto para mantener una buena fuerza muscular, una buena masa muscular y una buena calidad de vida. Por eso, las recomendaciones deben adaptarse a cada persona, considerando su estado durante el tratamiento, sus posibilidades de alimentación y el nivel de actividad física que puede realizar”, explica la especialista.
Una vez finalizado el tratamiento, el cuidado nutricional continúa. En esta etapa, un patrón de alimentación mediterráneo puede ser una buena base, priorizando verduras, frutas, alimentos ricos en fibra, legumbres, carnes magras y pescados.
Además, se recomienda mantener ejercicio regular, evitar las carnes procesadas y limitar los alimentos ultraprocesados y el alcohol, como parte de un estilo de vida orientado a cuidar la salud durante la recuperación.