Bebidas energéticas y adolescentes: riesgos que vale la pena conocer

El consumo de bebidas energéticas entre adolescentes chilenos continúa siendo motivo de preocupación para los especialistas en salud. Según la Encuesta Nacional de Población Escolar (ENPE) 2023 de SENDA, un 44% de los escolares declaró haber consumido bebidas energéticas durante el último mes y casi un 64% afirmó haberlas ingerido al menos una vez durante el último año. Además, los hombres reportan un mayor consumo que las mujeres (46% versus 41%).
Para la Dra. Paula Donoso, pediatra, especialista en adolescencia, vida saludable y prevención de adicciones, estas cifras reflejan la amplia disponibilidad de estos productos, su fácil acceso en supermercados y tiendas, así como campañas publicitarias dirigidas a los jóvenes que promueven la idea de mejorar el rendimiento físico y cognitivo.
Las bebidas energéticas contienen altas concentraciones de azúcar, cafeína y otros compuestos como taurina, guaraná, carnitina y vitaminas del complejo B. Sin embargo, la principal preocupación radica en la cafeína, una sustancia estimulante para la cual no existen dosis seguras recomendadas en niños y adolescentes.
“La cafeína puede aumentar el estado de alerta, pero también se asocia a efectos adversos importantes como alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, aumento de la presión arterial y problemas cardiovasculares que incluyen arritmias e incluso eventos coronarios graves”, explica la especialista.
Los riesgos no se limitan al sistema cardiovascular. La evidencia disponible muestra que el consumo frecuente puede afectar el desarrollo neurológico de los adolescentes, una etapa en la que el cerebro aún se encuentra en proceso de maduración. Aunque estas bebidas suelen promocionarse como potenciadoras de la concentración, la alteración del sueño que generan puede provocar cansancio diurno, dificultades de atención y disminución del rendimiento académico.
Asimismo, se han descrito cambios en el estado de ánimo, mayor nerviosismo, irritabilidad y, en casos más severos, episodios de manía, psicosis, convulsiones y otras alteraciones neurológicas. La presencia de guaraná, además, puede aumentar aún más los niveles de cafeína, incrementando los riesgos para la salud.
A mediano y largo plazo, los especialistas advierten sobre consecuencias como aumento de peso, alteraciones del metabolismo de la glucosa, dependencia y una mayor probabilidad de consumo de alcohol, tabaco y otras drogas. Particular preocupación genera la mezcla de bebidas energéticas con alcohol, ya que puede producir una falsa sensación de control y favorecer una mayor ingesta de bebidas alcohólicas.
La Dra. Donoso señala que la dependencia es una posibilidad real en menores de edad. Entre las señales de alerta destacan la necesidad constante de consumir estas bebidas, la dificultad para dejar de hacerlo pese a experimentar efectos negativos, la búsqueda activa del producto y cambios persistentes de humor o ansiedad.
Los riesgos son aún mayores en adolescentes con enfermedades cardíacas, trastornos neurológicos o problemas de salud mental. No obstante, la especialista advierte que también se han registrado eventos graves en jóvenes previamente sanos, incluyendo casos fatales asociados al consumo de estos productos.
Frente a este escenario, los expertos recomiendan evitar el consumo de bebidas energéticas en niños, niñas y adolescentes, además de promover la educación temprana sobre sus efectos y consultar con profesionales de salud ante cualquier señal de consumo habitual o problemático.