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Cálculos renales: síntomas, tratamiento y cómo prevenirlos

Cálculos renales: síntomas, tratamiento y cómo prevenirlos

El dolor lumbar intenso es uno de los principales síntomas de los cálculos renales, una condición que también puede provocar cambios en la orina, náuseas y vómitos. Reconocer sus señales de alerta permite consultar oportunamente y prevenir complicaciones.

Los cálculos renales, también conocidos como piedras en los riñones, son depósitos sólidos de minerales y sales que se forman cuando la orina se encuentra muy concentrada y ciertas sustancias comienzan a cristalizar. Pueden permanecer en el riñón o desplazarse hacia las vías urinarias, generando molestias y, en algunos casos, obstrucciones.

Entre los factores que pueden favorecer su aparición se encuentran la baja ingesta de agua, el consumo excesivo de sal, una alimentación rica en proteínas animales, la obesidad y algunas alteraciones metabólicas. “Es importante realizar una evaluación urológica para conocer por qué se están formando los cálculos, especialmente en quienes los presentan de manera recurrente. De esta manera podemos establecer medidas específicas para prevenir que vuelvan a aparecer”, explica el Dr. Alfredo Velasco, jefe de Urología de Clínica Santa María.


¿Cuándo es necesario consultar a un especialista?

El dolor por cálculos renales es uno de los síntomas más característicos. Generalmente comienza en la zona lumbar y puede irradiarse hacia el abdomen o la zona genital. También pueden presentarse sangre en la orina, cambios en su color, náuseas y vómitos. Cuando el dolor es intenso, es frecuente que las personas consulten en un servicio de urgencia.

La alternativa de tratamiento depende principalmente del tamaño y ubicación del cálculo. Las piedras menores de 6 milímetros tienen una alta probabilidad de eliminarse espontáneamente. En cambio, los cálculos más grandes o que provocan obstrucción, dolor persistente u otras complicaciones pueden requerir una intervención.

Actualmente, la mayoría de estos procedimientos son mínimamente invasivos. La cirugía endoscópica permite acceder al cálculo a través de las vías urinarias y fragmentarlo mediante láser. En cálculos renales de gran tamaño también puede utilizarse la cirugía percutánea, mientras que la cirugía abierta es actualmente excepcional.

Una de las principales complicaciones ocurre cuando un cálculo obstruye el flujo normal de la orina. Esto puede provocar una dilatación del riñón, conocida como hidronefrosis, y favorecer infecciones. Si la obstrucción se mantiene durante un tiempo prolongado, puede comprometer la función renal. “Alrededor de un 10% de los cálculos puede requerir una intervención, pero la decisión depende principalmente del tamaño, la ubicación y la evolución del dolor. Por eso, cada caso debe evaluarse de manera individual”, señala el especialista.

La prevención de los cálculos renales es fundamental, especialmente en quienes ya han presentado uno. Mantener una adecuada hidratación es una de las medidas más importantes, procurando producir entre 2 y 2,5 litros de orina al día. También se recomienda reducir el consumo de sal y moderar las proteínas, principalmente de origen animal.

No siempre es necesario eliminar el calcio de la alimentación. Esta indicación se reserva para situaciones específicas determinadas mediante estudios, por lo que las medidas preventivas deben adaptarse a las características de cada paciente.

Ante un dolor lumbar intenso, sangre en la orina, náuseas, vómitos o síntomas que puedan indicar una obstrucción urinaria, es importante consultar oportunamente. Una evaluación médica permitirá confirmar el diagnóstico y definir el manejo más adecuado.

 

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