Cardiología pediátrica de alta complejidad: excelencia médica y trabajo multidisciplinario

Los avances en cardiología pediátrica permiten tratar cardiopatías congénitas desde los primeros días de vida mediante procedimientos de alta complejidad, combinando tecnología, experiencia médica y el trabajo coordinado de equipos especializados.
Las cardiopatías congénitas son alteraciones estructurales del corazón presentes desde el nacimiento. Según la American Heart Association (AHA), afectan aproximadamente a 1 de cada 100 nacimientos. Los avances en diagnóstico, cirugía cardíaca y cardiología intervencional han permitido mejorar el tratamiento y la sobrevida de estos pacientes, haciendo fundamental también el seguimiento durante su crecimiento.
Entre las principales intervenciones se encuentran las cirugías a corazón abierto y los cateterismos intervencionales, que permiten acceder al corazón y a los vasos sanguíneos a través de arterias o venas, evitando en determinados casos la apertura del tórax. La indicación depende del tipo de malformación y de las condiciones de cada paciente.
“Intervenir un corazón que se está desarrollando es difícil, porque no es solamente reparar o intentar corregir la malformación que estamos tratando, sino que muchas veces tenemos que tomar en cuenta que este corazón es pequeño y que va a ir creciendo”, explica el Dr. Luis Cárdenas, cardiólogo intervencional pediátrico de Clínica Santa María.
Excelencia y coordinación para enfrentar procedimientos de alta complejidad
La preparación y seguridad son fundamentales en este tipo de intervenciones. Antes de un procedimiento se realizan estudios, imágenes y evaluaciones que permiten conocer en detalle el estado del paciente y planificar cada etapa. A esto se suma el trabajo coordinado de cardiólogos, cirujanos, enfermeras, kinesiólogos, tecnólogos médicos y otros profesionales, tanto durante la intervención como en los cuidados posteriores.
Las intervenciones pueden realizarse incluso en pacientes de muy corta edad cuando su condición lo requiere. En situaciones excepcionales, también pueden efectuarse durante la gestación. Sin embargo, en otros casos, es recomendable esperar para intervenir cuando el niño tenga un mayor desarrollo.
“Tratamos siempre de hacer un tratamiento que es a la medida de cada paciente. En algunos pacientes, intervenir precozmente es lo que más se aconseja y lo necesario; pero hay pacientes donde lo que conviene es esperar y tener un niño más grande para poder intervenir”, señala el especialista.
El tratamiento tampoco termina con la intervención. El seguimiento a largo plazo permite controlar el crecimiento, la evolución de la cardiopatía y la respuesta al procedimiento. Algunos pacientes pueden requerir nuevas intervenciones años después.
De esta manera, el abordaje de las cardiopatías congénitas requiere experiencia, tecnología, protocolos de seguridad y un equipo multidisciplinario, elementos fundamentales para entregar una atención de alta complejidad y acompañar a los pacientes durante las distintas etapas de su vida.