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Diagnóstico temprano y acompañamiento especializado: claves para el desarrollo de niños con Trastorno del Espectro Autista

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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente la comunicación social, la interacción con otras personas y la presencia de comportamientos o intereses restringidos y repetitivos. Debido a la amplia diversidad de sus manifestaciones, cada niño presenta características y necesidades distintas, por lo que la detección temprana y el acceso a apoyos especializados son fundamentales para favorecer su desarrollo.

Durante los primeros años de vida pueden aparecer algunas señales de alerta, como escaso contacto visual, baja respuesta al llamado por su nombre, dificultades en el desarrollo del lenguaje o menor interés por interactuar con otras personas. Si bien estas características no confirman por sí solas un diagnóstico, sí hacen recomendable consultar con un especialista para realizar una evaluación adecuada.

“Cuando existen dudas sobre el desarrollo o la interacción social de un niño, es importante comentarlo con el pediatra y eventualmente realizar una derivación a neurología infantil para llevar a cabo una evaluación integral. Una pesquisa precoz permite identificar necesidades específicas y orientar de manera oportuna las intervenciones que pueden favorecer su desarrollo”, explica el neurólogo infantil Dr. Yuri Dragnic, de Clínica Santa María.

El diagnóstico del TEA es clínico y se basa en una evaluación rigurosa realizada por médicos y profesionales con experiencia en neurodesarrollo, quienes integran la observación directa del comportamiento, los antecedentes del desarrollo, la información aportada por la familia y el análisis de las habilidades sociales, comunicativas y conductuales del niño. Si bien existen herramientas y escalas de apoyo que pueden contribuir al proceso evaluativo, no existe un examen o test único que permita confirmar o descartar el diagnóstico. Por esta razón, el criterio clínico especializado sigue siendo el elemento fundamental para establecer un diagnóstico preciso y orientar adecuadamente el proceso de acompañamiento e intervención.

La evidencia científica muestra que las intervenciones tempranas tienen un impacto significativo en el desarrollo de habilidades comunicativas, sociales y de autonomía. Por ello, el tratamiento suele involucrar a distintos profesionales, como neurólogos infantiles, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos y educadores, quienes trabajan de manera coordinada según las necesidades de cada niño.

Asimismo, la inclusión temprana en jardines infantiles y establecimientos educacionales favorece el aprendizaje de habilidades sociales, la interacción con pares y la participación en actividades grupales. En este proceso, la colaboración entre las familias, los equipos de salud y la comunidad educativa resulta fundamental para entregar apoyos consistentes en los distintos entornos donde se desarrolla el niño.

“Lo más importante es contar con un diagnóstico correcto y oportuno, porque eso permite orientar adecuadamente tanto a las familias como a los colegios respecto de los apoyos que requiere cada niño. El trabajo coordinado entre los equipos de salud, el entorno educativo y la familia es clave para potenciar sus habilidades, favorecer su inclusión y acompañar su desarrollo a largo plazo”, concluye el Dr. Yuri Dragnic.

Los especialistas coinciden en que reconocer oportunamente las señales de alerta, acceder a una evaluación especializada e iniciar intervenciones adaptadas a las necesidades de cada niño puede generar una diferencia significativa en su bienestar, desarrollo e inclusión a largo plazo.

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