Hipertensión en jóvenes: una condición cada vez más frecuente

La hipertensión arterial suele asociarse a personas mayores, pero hoy también afecta con más frecuencia a adultos jóvenes. Este cambio preocupa a los especialistas, ya que una presión arterial elevada desde edades tempranas aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares, renales y cerebrovasculares a largo plazo si no se detecta y trata de forma oportuna.
La hipertensión se trata de una enfermedad crónica no transmisible, definida por una elevación sostenida de la presión arterial, y es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad en el largo plazo. Su prevalencia en la población general se estima entre un 15% y un 45%, con un aumento progresivo a medida que avanza la edad. Sin embargo, el hecho de que aparezca cada vez antes en la vida adulta abre una nueva señal de alerta.
“El problema de la hipertensión es que muchas veces avanza sin dar síntomas claros, pero va generando daño progresivo en distintos órganos. Es el principal factor de riesgo atribuible a complicaciones en el largo plazo y, por eso, su pesquisa y tratamiento son tan relevantes”, explica el doctor Diego Silva, cardiólogo y director del Programa de Falla Cardíaca Avanzada y Trasplante Cardíaco de Clínica Santa María.
La importancia de controlar a tiempo
La aparición de hipertensión en personas jóvenes puede estar influida por factores genéticos, sedentarismo, exceso de sodio en la alimentación, sobrepeso y estrés, entre otros. El problema es que mientras antes se desarrolla, más tiempo tiene el organismo para acumular daño vascular, lo que incrementa la probabilidad de presentar enfermedades en el futuro.
“Hoy estamos viendo hipertensión a edades más tempranas. Eso es importante porque una persona joven con presión alta no tratada acumula más años de exposición al daño vascular. En el largo plazo, eso aumenta el riesgo de enfermedad cerebrovascular, cardiopatía isquémica, cardiopatía hipertensiva e insuficiencia cardíaca”, advierte el cardiólogo.
La hipertensión, además, suele estar asociada a otras condiciones como diabetes, colesterol elevado o enfermedad renal crónica, lo que eleva aún más el riesgo cardiovascular. Por eso, su tratamiento no se limita al uso de medicamentos, sino que requiere cambios en el estilo de vida y un manejo individualizado según el perfil de cada paciente.
“El tratamiento de la hipertensión tiene dos pilares. Por un lado, están las medidas de estilo de vida, como la dieta baja en sodio, el ejercicio moderado al menos 30 minutos cinco veces por semana, el control del peso y el manejo del estrés. Por otro, están los fármacos, que se indican según el perfil de riesgo de cada persona. Cuando se logra un buen control, el pronóstico suele ser favorable”, señala el doctor Diego Silva.
En ese contexto, los especialistas insisten en la importancia de controlar la presión arterial de forma periódica, incluso en personas jóvenes, especialmente si existen antecedentes familiares o factores de riesgo. Detectarla a tiempo y tratarla adecuadamente puede marcar una diferencia importante en la prevención de complicaciones futuras.