Pausas de hidratación en el fútbol: una medida preventiva que también deja lecciones para la vida diaria

En el deporte de alto rendimiento, las condiciones ambientales y las exigencias físicas pueden modificar de forma importante la respuesta del organismo. En este contexto, el adecuado manejo de los líquidos corporales se vuelve un factor clave no solo para el desempeño, sino también para la seguridad de los deportistas, especialmente en escenarios de temperaturas extremas o esfuerzos prolongados.
En el fútbol de alto rendimiento, el calor se ha convertido en un factor de juego tan relevante como la técnica o la estrategia. Durante los partidos del Mundial, las pausas de hidratación se incorporan como una medida clave para enfrentar condiciones ambientales extremas que pueden afectar tanto la seguridad como el desempeño de los jugadores.
El Dr. Guillermo Ávila, médico internista, especialista en Medicina del Estilo de Vida y jefe del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Clínica Santa María de Vitacura, explica que estas pausas tienen un objetivo preventivo. “La temperatura, la humedad y la carga térmica aumentan el esfuerzo fisiológico, elevando la frecuencia cardíaca y la fatiga percibida. Las pausas de hidratación ayudan a mantener el equilibrio hídrico, favorecer la termorregulación y reducir riesgos asociados al calor, cuidando la salud y el rendimiento”, señala.
En relación con los efectos de la deshidratación, el especialista advierte que el rendimiento puede deteriorarse incluso antes de que aparezca la sensación de sed. Con pérdidas cercanas al 2% del peso corporal, ya se observan disminuciones en el rendimiento físico, la atención, la función cognitiva y la velocidad de reacción. Por ello, enfatiza que la hidratación debe ser preventiva y no depender de la sed, ya que esta suele aparecer tarde y no siempre es un indicador confiable, especialmente en deportistas y personas mayores.
La hidratación también es clave durante el invierno
Aunque el calor hace más evidente la importancia de la hidratación, en invierno también es fundamental mantener una ingesta adecuada de líquidos. La menor sensación de sed puede llevar a un consumo insuficiente, pese a que las necesidades del organismo se mantienen.
Un indicador simple en personas sanas es el color de la orina; un tono amarillo pálido suele reflejar una hidratación adecuada, mientras que colores más oscuros pueden sugerir déficit de líquidos, con la salvedad de factores como el uso de medicamentos o vitaminas. Para favorecer una buena hidratación, se recomienda establecer rutinas simples, como beber agua al despertar y antes de las comidas, utilizar recordatorios y complementar con frutas con alto contenido de agua, como sandía, melón y naranjas. Bebidas como el té y el café también contribuyen al aporte de líquidos dentro del consumo habitual.
“La hidratación debe ser constante antes, durante y después de la actividad física, ya que ayuda a regular la temperatura, mantener el rendimiento y prevenir problemas asociados al calor”, añade el Dr. Guillermo Ávila.
Incorporar hábitos simples de hidratación, reconocer señales tempranas de déficit de líquidos y adaptar la ingesta según las condiciones ambientales puede marcar una diferencia significativa en el bienestar general, la concentración y el rendimiento físico y mental a lo largo del día.