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Cáncer

La importancia de la intervención nutricional

Publicado el 29/10/2013

El cambio en la alimentación es un elemento fundamental en el tratamiento del cáncer. Un buen manejo nutricional puede ayudar a soportar mejor la enfermedad y sobrellevar sus efectos secundarios.

Una persona con cáncer debe someterse a una serie de cambios en su vida, y uno de ellos es la alimentación. Cuidar las comidas es fundamental para evitar complicaciones, minimizar el impacto de los efectos secundarios o la aparición de enfermedades asociadas.

Al momento del diagnóstico, cerca de un 80% de quienes sufren cáncer gastrointestinal disminuirán su peso a causa de una mala alimentación. Lo mismo ocurrirá en un 60% de personas con cáncer de pulmón y entre un 30 a 50% con cáncer de cabeza y cuello.

Paula Huanca, nutricionista de Clínica Santa María explica que “esta baja tiene relación con los cambios metabólicos propios de la enfermedad y con el impacto de los diferentes tratamientos como la cirugía, quimioterapia y radioterapia”. 

Por lo general, esta situación lleva al paciente a una caquexia (malnutrición/anorexia), lo que implica una disminución de la condición de bienestar, de la tolerancia a la terapia, de la respuesta inmunológica a la célula tumoral y de la resistencia a infecciones. Así también, aumentan las complicaciones post operatorias y la discapacidad.

“La pérdida de peso es un indicador importante para la sobrevida del paciente oncológico. Por eso, es importante detectarlo tempranamente”, recomienda la especialista. 

Intervención nutricional 

Implementar un plan de cuidado nutricional oportuno permite obtener los nutrientes que la persona necesita para alcanzar los objetivos planteados. Si bien cada paciente es distinto y su dieta debe ser individualizada, existen ciertas reglas generales:

- Alcanzar una adecuada ingesta de calorías, proteínas y macronutrientes que permitan cubrir las demandas nutricionales de la persona.
- Aumentar la frecuencia de consumo de los alimentos.
- Reemplazar ciertas comidas por suplementos nutricionales o fortificados, cuando la persona es incapaz de comer.

Paula Huanca explica: “es importante consumir alimentos de baja carga bacteriana y mantener un régimen liviano los primeros cuatro o cinco días después de la administración de las drogas, ya que por lo general en ese período se manifiestan con mayor intensidad los efectos colaterales asociados al tratamiento. Además, según las necesidades de cada persona, se entregan ‘tips’ para el manejo la anorexia, mucositis, náuseas, estreñimiento, alteración en la deglución, vómitos o diarrea, entre otros”.

¿Qué alimentos se deben evitar? 

- Ensaladas -verduras crudas-.
- Frutas que no se puedan pelar, como frutillas, moras o berries en general.
- Huevos crudos.
- Lácteos y quesos no pasteurizados.
- Condimentos crudos (no cocinados)
- Carnes de vacuno, aves y pescados crudos o parcialmente cocinadas (carpaccio, roastbeef, sushi).
- Probióticos y yogurt (alimentos con cepas de bacterias adicionadas).
- Hielo de máquinas.
- Entre otros.

Además, Paula Huanca recomienda aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra soluble -algunas pastas, pan de molde, galletas de agua o soda-, antioxidantes -té verde- y omega 3 –pescados-.


Con la colaboración de: Paula Huanca, Nutricionista de Clínica Santa María.